Se dice que; Don José de Murga y Reolid, fundó junto a su esposa doña Raimunda de Osorio varios centros benéficos y casas de caridad en Linares (Jaén). Don José mantuvo su fidelidad al rey italiano Amadeo de Saboya, cuando casi todos le dieron la espalda. Ésta sería la causa de que el efímero monarca le otorgase el Marquesado de Linares.
Decidido Murga a ocupar un sitio entre los nobles y ricos hombres de la Corte del Madrid del momento, tomó la decisión de construir un palacio, en consonancia con su poder económico y político.
Escogió para ello el esquinazo del antiguo prado de Recoletos con la calle de Alcalá. Las obras comenzaron en 1873 y concluyeron en 1878. El palacio es de estilo francés.
El matrimonio de los marqueses tuvo un único hijo, el cual, desde muy joven, dispuso de una gran fortuna que disfrutó sin ninguna medida. Llegado a la edad de establecer una familia, el padre aconsejó a su hijo de manera que en su elección primase el amor frente a otros intereses.
Pero poco tiempo tuvo para hacerse más preguntas, pues al dia siguiente salió con destino a Londres, con el pretexto de solucionar un negocio de gran importancia que requería su presencia en la capital inglesa. Durante su estancia esperó en vano las instrucciones de su padre, pero en cambio recibió un correo comunicándole el fallecimiento del mismo. De regreso a Madrid, el dolor durante días se apoderó del joven, del que poco a poco fue saliendo, aliviado por la presencia y el cariño de su novia, cuyo amor se había mantenido en la forzada y inexplicable separación. Ambos jóvenes se casaron con celeridad en una sencilla ceremonia, como correspondía al luto recientemente sufrido.
Los años fueron consolidando su amor y la felicidad reinaba en el palacio, cuando un día el joven marqués hojeando unos papeles de su padre, encontró una carta dirigida a él, con su dirección de Londres y la caligrafía inconfundible de su padre. Sintió un vuelco en el corazón al mismo tiempo que las manos le temblaban al abrir la carta.
En la misiva, el padre confesaba al hijo que siendo joven y poseído por un amor correspondido, tuvo una hija con otra mujer. La niña creció sin conocer la identidad de su padre ni recibir, por expreso deseo de su madre, ayuda alguna. Las casualidades de la vida hicieron que se tratase de la mujer que hoy era la esposa de su hijo. El joven marqués no pudo seguir leyendo. Su cabeza cayó repentinamente sobre la mesa del escritorio, encontrándole así su esposa, quien, preocupada, preguntó a su marido por la causa de ese desmayo. Sin medir palabras, él le entrego la carta. Después de su lectura, y entre sollozos pudo pronunciar las últimas palabras pronunciadas en el lecho de su muerte por su madre: "Maldigo al causante de mi desgracia y a toda su descendencia, que todo lo que emprendan se venga abajo".
A partir de ese momento la vida de los jóvenes esposos cambió por completo. Separados, vivieron bajo el mismo techo hasta su muerte. Una niña adoptada por los marqueses seria la única heredera de la fortuna. Bautizada con los apellidos de Avecilla Agudo, su imagen se encuentra en un gran óvalo del salón de baile. A la niña la acompaña otra pequeña y se conoce a la pintura como Las señoritas de Avecilla.
Deshabitado el palacio durante muchos años, la imaginación popular ha inventado historias de fantasmas que recorrían sus solitarios salones. Bien es cierto que las circunstancias familiares eran las más propicias para dar rienda suelta a las elucubraciones: amoríos entre posibles hermanos, una hija adoptada, muertes precipitadas de sus moradores, etc. Así, durante los años de su restauración hasta albergar actualmente la Casa de América, se hicieron famosas las psicofonías grabadas en sus salones por equipos más o menos científicos. Los medios de comunicación expandieron el eco de estos fenómenos supuestamente paranormales. Lo que sí está fuera de duda es que el Palacio de Linares es quizás hoy día la leyenda viviente más popular del Madrid del siglo XXI.
Este Palacio abrió sus puertas el pasado 17 de Junio, y ha tenido numerosas visitas y por ahora que sepamos nadie ha notado nada extraño.
Si queréis saber más sobre este expediente X del Ayuntamiento de Madrid llevado por José María Pilón pulsar aquí.







El Soldado Encantado: Existió en la antigüedad un estudiante de Salamanca que durante el verano se dedicaba a viajar y, cantando al son de su guitarra, conseguía fondos para pagar sus estudios. Llegado a Granada, y celebrando la víspera de San Juan, reparó en la presencia de un soldado con lanza y armadura.


