martes, 30 de octubre de 2007

Cuento Koan: Lo que es...Es


Había una vez en un país como otro, un árbol como tantos, donde al extremo de una rama, nació una bonita flor.

Dicen que desde el principio, al florecer, se vio que seria de las más sensibles por sus pétalos y de las más ricas por el polen que brotaba en su centro.

Su posición en el extremo de la rama le daba cierta perspectiva sobre las demás flores y hojas, por lo que desde muy pequeña se vio obligada a cuidar de las demás y quizás por eso disfrutaba pocas veces de la luz del sol y del brillo de la luna. Pero cuando lo hacia, en los momentos que tenia para ella, mirar el cielo y ser una con las estrellas o dejarse inundar por los rayos del sol eran sus más dulces pasiones.

Cuentan que también tenia un miedo. Cuando miraba hacia abajo y se daba cuenta de que algún día tendría que caer, igual como veía caer a las ya marchitas, entonces sus hojitas perdían color y ese mismo temor parecía acelerar en ella el proceso de marchitarse.

Sucedió en la vida de esta flor, que una abejita obrera apareció para recoger su polen, y ella aceptó. Aunque el mundo para las flores es muy distinto de cómo es para las abejas, este par, mantuvieron ese vínculo mucho, mucho tiempo.

No se sabe muy bien el porqué, un día nuestra flor descubrió que la abejita también tomaba polen de otras flores. Al descubrir que la vida no era como ella quería que fuese se derrumbó...

Dicen, que todas las flores y hojas que la rodeaban le pedían que se mantuviese fuerte, dura, y se olvidaban de lo sensible que ella era:

-¡Soy una flor, no una rama!- les decía ella intentando mantener la rigidez que todos le pedían. Cuando la tristeza le hacía pesadas sus hojas, veía bajo suyo el vacío, lo cual empeoraba más la situación. La abejita tampoco sabía como arreglar lo ocurrido, no sabía ayudarla. Ella ahora solo podía verla como un abejorro y a las demás flores traidoras. Todo tan mal y tan poco tiempo para caer.

Cuentan que entonces, cuando solo quedaba lo peor, una fuerte ráfaga de viento sacudió su rama. No quedaban fuerzas para sujetarse, ni para ser fuerte, ni ya para ser flor y se rindió.

Dicen, que lo extraño en ese momento, fue que desapareció cualquier miedo, como si el viento también se lo hubiera llevado; y mientras caía, le oyó:

- Hola flor, ¿cómo va tu viaje?

Lo primero que pensó, fue que florediós le estaba hablando y que estaba en el florecielo. Levantó ligeramente los pétalos, que curiosamente sintió livianos, y vio un maravilloso pájaro que mientras volaba la miraba fijamente.

-¿Viaje? - dijo débilmente - ¿ No estoy cayendo?

- Eso depende de cómo quieras llamarlo- contestó él radiante.

-¡Pero yo no quiero esto!- Dijo ella sollozando.

- Ya comprendo- respondió el pájaro con sinceridad.- ¿Cómo crees que hago yo para volar?- preguntó con cierto misterio.- ¿Crees que lucho con el viento? ¿Crees que lucho con lo que es?- preguntó mientras un destello iluminó sus ojos.

- Ya se que quieres decirme, aprovechas las corrientes, pero ¡yo no tengo alas, y es justo el viento el que me ha hecho caer!- gritó sin esconder su dolor.

El pájaro rió fuerte aunque sin burla, y a ella le pareció tan feliz.
-¡Solo escucha al viento, es tu amigo!- gritó entre risas.- Siempre ha estado contigo apunto para aconsejarte, acompañarte en lo que necesites. ¡Abre tus pétalos!-

Dicen que entonces ocurrió. Tímidamente se abrió al viento y pudo oírlo. No le habló como ella pensaba. Por eso nunca antes lo había oído.

Cuentan que ese día, empezó el auténtico viaje de nuestra flor, que desde ese instante no paró de descubrir los mensajes ocultos de la vida: en las estrellas, en el sol, en la tierra, incluso en los centros de polen de otras flores y en el zumbido de las abejas.

Dicen, que si abres bien los ojos, aun puedes verla por ahí, volando como un pájaro.
Yo la he visto en algunas ocasiones y fuí tras ella, pero nunca la pude coger.

8 comentarios:

blumun dijo...

Qué relato tan maravilloso. Abramos los ojos todos, y quizá como la florecilla asustada, aprendamos a volar. Gracias, me he sentido muy bien leyendote.
Besos :-)

juan rafael dijo...

No las puedes coger porque son pétalos de rosa que están siempre a tus pies.

María (Luna) dijo...

Blumun: Me alegro,cuándo se te olvide, vuelvelo a leer.

Juan Rafael: Si es que me dices unas cosas tan bonitas...

Si vieras la sonrisa que tengo.

La Dulce Pena dijo...

No intentes cogerla deja que vuele para que los demás podamos verla también...

Bss

yaves dijo...

Es una buena moraleja, cuando parece que está todo perdido se puede cambiar de punto de vista, hay que saber aceptar los cambios.
bessos

María (Luna) dijo...

Dulce Pena: Era una tontería que había dicho. ¿Cómo iba a querer cogerla? ;-)

Ya ves: Si me encanta esta fábula o cuento koan

La Dulce Pena dijo...

JAJA, también es verdad...

Como dijo un filósofo (creo que Leibniz, o como se escriba, si es este...):
Todo depende del cristal con el que se mire, si miras a través de una lente roja, verás las cosas rojizas, si lo haces a través de una azul, azuladas...

Algo parecido, creo que le pasó a la flor...

Bss

El Ángel del Dulce Dolor dijo...

Un gran relato. Nunca está todo perdido, sólo es cuestión de cambiar de prisma para ver las cosas de diferente modo.